De titulares, comentarios y anormales

18 Abr

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Es lo que tiene internet. Sale gratis (o casi), ponerse delante de un teclado y escribir idioteces que a muy corto plazo podrán ser leídas por miles de personas. Vale, está bien, forma parte de eso que llaman libertad de expresión, y esta no debería ser reprimida, que queda feo. Pero lo que sí debería controlarse de algún modo es la coherencia de lo que se escribe. Y entonces aparece otro problema mayor: la subjetividad. ¿Qué es coherente, y que no lo es? Eso depende de la mente perturbada de cada uno.

Pero existen unos especímenes que infestan cada vez con mayor frecuencia los foros de discusión, secciones de comentarios de páginas web o redes sociales como Facebook. Personajes que escriben su opinión basándose en un titular. No se molestan en leer la noticia o el artículo completo. Quizá no les interesa, o no lo hacen por pura vagancia, o les vale con las primeras lineas para elaborar un texto que en la mayoría de los casos es erróneo por basarse en información incompleta, y que mejor podrían habérselo guardado. Pero esta legión de anormales del ciberespacio, también tiene su escalafón de imbecilidad. No sabría bien establecer el orden, pero están los que creen que lo hacen bien, porque confían en que el titular es un buen resumen del resto del texto. Y también los famosos trolls, cuya única finalidad es crear la discordia y fomentar el mal rollo entre los participantes del debate: Pero si hay unos cuya forma de actuar confirma su deficiencia, son los que escriben un comentario equivocado, incluso cuando su aportación está precedida de otros que están advirtiendo a los futuros comentaristas de que lo que dice el titular no se corresponde con el resto. No solo no les interesa la noticia en su totalidad, sino que tampoco lo que pueda decir el resto.

Así que un consejo de alguien que ya picó en muchas ocasiones tratando de negociar dialécticamente con estos sujetos: no les miréis a la cara (o al avatar). Puede que os cueste trabajo resistiros a caer en la tentación de acordaros de toda su familia, y no será esa la función del lugar en el que ibais a escribir una opinión.

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